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  VIAJES DE FIN DE CURSO:
RITUALES DE INICIACIÓN CON VALORES IMPUESTOS POR LOS ADULTOS.  

 
  Volver Nota distribuida por DYN
1 de Agosto del 2003.
Autora: Lic. Stella Onetto.
Uno de los medios que la publicó:  www.diariohoy.net
 
 

Hechos como el ocurrido recientemente en un hotel de Bariloche, donde estudiantes platenses destrozaron mobiliario del hotel en el que se alojaban, permiten reflexionar sobre las características de los viajes de egresados, una suerte de "rito de iniciación" cuyos valores imponen los adultos.

Se explicita que los viajes de fin de curso tienen esa característica ritual por la que el joven debe atravesar para ser considerado adulto, hombre, miembro activo de una tribu, religión o grupo al que pertenece la familia o ambiente del que proviene.

Son los adultos los que les exigen pruebas de fortaleza y poder a estos adolescentes que a los 17 años se van acercando a ese territorio dominado por sus padres, maestros, profesores, empresarios, gobernantes.

Podría creerse que la Humanidad está lejos de aquellos rituales a los que se exponía a los jóvenes a pruebas exigentes, donde muchos de los cuales quedaban mutilados o muertos, pero otros, sólo unos pocos, conquistaban el derecho a ser reconocidos y admitidos por los hombres ya adultos.

La cultura impone estos rituales que alcanzan un carácter casi sagrado y la comunidad provee de iniciadores adultos que transmiten los valores que supone deben ser propiedad de los nuevos miembros.

¿Por qué hoy ese ingreso anhelado estará teñido de violencia, como en el caso de estos estudiantes platenses, con la rotura a de vidrios, puertas, teléfonos y parlantes? ¿Por qué, alcoholizados, intentaron destruir el lugar en donde estaban alojados?

Se puede ensayar la suposición de un "mal estar", de un rechazo, de una oposición a un viaje que simboliza un traslado de corderos ilusionados a una fiesta donde se los esquilma y se los somete, para que caigan dormidos o desmayados, mientras las empresas turísticas "pasan mejor el invierno".

Es muy importante no perder de vista que la mayoría de los chicos que viajan, año tras año, no cometen esos desmanes. Por eso se debe ser cuidadoso a la hora de analizar no sólo lo que ocurrió, sino también explicar, prevenir y evitar lo que se suscita en oportunidades como los viajes de egresados, o en la salida y entrada a los boliches.

La cultura impone, en muchos casos, valores desatinados, como los horarios de entrada a las discos, la venta indiscriminada de alcohol, etc., logrando que las horas sueño y los ritmos biológicos se modifiquen artificialmente, y queriendo suponer que en ese hacer no hay consecuencias.

En estos tiempos se ha vuelto difícil divertirse. Los mismos chicos tienen poca confianza en que el encuentro con sus coetáneos, del mismo o distinto signo, sea placentero, interesante o atractivo.

Sería injusto, pero sobre todo inútil, emparentar generalizadamente adolescentes con violentos, porque si bien el adolescente transita en muchos momentos por los márgenes de lo que "no se puede", también, y en gran número, encuentra caminos alternativos para que esa posible marginalidad se torne obra creativa.