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Colegio de psicólogos de Morón. Jornadas 2009
Panel: Nuevas formas de simbolización en el niño y el adolescente
 
 

Tener cabeza

 
 

Las manifestaciones humanas tienen para los analistas un atractivo especial. El mundo adulto, desencantado en sus expectativas de futuro asegurado, va sintiendo una gran invasión ante la pujanza del adolescente. Hablan de los chicos de hoy, como más violentos, tremendos, imparables. Sin embargo ven en ellos un mercado para el que producen ropas, música, espectáculos, cercándolos en un territorio, potente e idealizado, un Gran Hermano, en el que van quedando largamente atrapados, sin deseos de emancipación y crecimiento.

Nosotros los profesionales, hablamos de adolescencia tardía, cuando el joven de 25, 30 años vive con sus padres, depende de ellos económicamente, y no anhela más que un partener de turno para sus satisfacciones instintivas, sin proyecto alguno.

Sufrimos una suerte de adolescentización social. Un intento de borramiento de la asimetría generacional, de las diferencias sexuales, una suerte de mascarada.

El mercado adolescente es el que más consume, y es el depositario de la idealización del adulto, de su narcisismo perdido, detrás de la cual se esconde la rivalidad, y el rechazo, a veces no tan escondido.

Los cambios culturales, la post-modernidad, quebró los paradigmas y los adultos estamos desilusionados con el mundo tal cual lo concebimos. Los adultos han dejado de ser para el joven, un referente con los que identificarse u oponerse. El adulto ha tenido que adaptarse a la celeridad de los cambios, y el mundo y sus novedades tecnológicas ha quedado en poder de niños y adolescentes, que en esto son maestros de sus padres.
Añoramos prolongar la juventud y somos capaces de recurrir a todo tipo de métodos para lograrlo, los más caros o los más cruentos.
El adolescente ubicado en el centro de la escena esta absolutamente solo, perdido: “Lost”. Sin guía, sin norte, sin mapa. Los padres desvalorizados parecen no poder guiarlos, ni contenerlos. Se intenta alcanzar así un ideal narcisista en el que aumenta su omnipotencia y no se desarrolla el juicio de realidad.

Buscando salidas a esta encerrona, el joven se relaciona pero de formas planas, superficiales, en relaciones que no perduran ni sostienen.
Pero si la relación con el otro, con los otros no sostiene ni reconforta del doloroso vivir en la cultura, recurre entonces a los quita penas, drogas, alcohol, poderosas distracciones, grandes eventos, satisfacciones sustitutivas, que provean placer inmediato.

Las nuevas tecnologías no parecen venir acompañadas de mayor comunicación, al contrario. Solos, encerrados en sus cuartos o en el ciber, alejados del cuerpo del otro y del cuerpo propio, hasta que unas cervezas los animen a salir.
Están siempre conectados pero lejos afectivamente.

El modo políglota en que se manifiesta la sexualidad requiere de nosotros, psicoanalistas, psicólogos, pedagogos, tareas de desciframiento.

La sintomatología orgánica, la dolencia en el cuerpo es uno de esos modos, recurrente hoy en los consultorios, tanto en adultos como en niños y adolescentes.
Quizá es la que más se asemeja a esas formas primeras, arcaicas, anteriores al lenguaje en que las huellas de lo vivido, de lo sufrido, se expresaba en formas plásticas, imágenes, signos en las rocas, reconduciéndonos a una historia, un devenir de individuos o grupos de individuos que nos anteceden y que dejaron sus marcas en nuestro psiquismo, como también nosotros dejaremos nuestras marcas en los que vengan después.

Nunca como en estos tiempos me encontré con tantos niños medicados.
Nuevos diagnósticos de nuevos síndromes son aplicados con gran rapidez. Hiperkinesia, trastornos de la atención, están a la orden del día. Ritalina al por mayor, circula por familias y escuelas.

Presentaré una viñeta clínica, material de supervisión, que me permitirá abordar una de las problemáticas que vemos hoy en nuestros consultorios y que nos llevan a plantearnos, si se trata de nuevas formas de simbolización, en la era de la imagen y de las telecomunicaciones, o del retorno a viejas formas, anteriores a la palabra, recubiertas con las máscaras de lo actual.

Guadalupe: jovencita de 16 años, diabética, celíaca (así la presenta su madre que llega desbordada a la primera consulta)
Hija única, de madre soltera y sin pareja. Guada, es operada a los dos meses de una cardiopatía congénita. Al año se le declara la diabetes.
Dice la madre: Guada está mal, enojada, y yo no sé qué hacer con ella. Es mentirosa, se ratea del colegio, después se va al quiosco y se asesina, (comiendo golosinas prohibidas)
El padre las abandonó a los dos meses de embarazo. Poco tiempo después armó otra pareja, que continúa hasta hoy.


Quiero recordarles el concepto de “Alexitimia” que Joyce Mc Dougall retoma para aludir a los pacientes que no tienen palabras para las emociones. Los afectos desbordan el psiquismo, y la red representacional es incapaz de contener, encauzar y nombrar emociones, afectos, angustias.

Guada, actúa lo que no puede ser expresado en palabras, lo que no puede ser escuchado por la madre. Quiere escapar de una realidad dolorosa, de un cuerpo enfermo, adolescente, en pleno despertar, que le da un trabajo para el que no está preparada.
Lo psíquico tiene la tarea de organizar los estímulos que le llegan al niño desde afuera y desde adentro, desde el interior de su cuerpo, para que no se vuelvan invasores, traumáticos.
Pero al principio esa tarea tiene que ser realizada por los padres. Freud lo llamó “barrera protectora contra estímulos”.
Pero no siempre éstos se hallan en condiciones de hacerlo.
Los padres de Guada fueron adolescentes cuando la engendraron, impulsivos, incapaces de contener y administrar sus deseos, y siguen siendo adolescentes hoy, por que la adolescencia no es un asunto cronológico sino un estado mental.
La madre de Guada, lo único que puede hacer con lo emocional, es apartarlo, expulsarlo. Tiene un funcionamiento operatorio. Controla y mide lo que sale y lo que entra del cuerpo de su hija. Podríamos decir que es una buena madre, es responsable, está atenta (excesivamente), cumple con las indicaciones médicas, pero Guadalupe no la deja obtener buenos resultados. Le miente, falsea y altera los controles de insulina, se ratea del colegio, se olvida la tarta sin gluten que su madre laboriosamente le prepara para llevar a la casa de una amiga que la invitó a almorzar. Entonces la castiga, -No vas más a coro y a teatro-. Las únicas actividades que le gustan, (y tienen la virtud de no contener ni azúcar ni gluten)-

¿Por que miente Guada? Sometida desde el primer año de vida a exámenes médicos, pinchazos, operación del corazón, es un objeto de estudio para los médicos, madre y abuelos maternos que intentan ayudarla para que viva, a pesar de todo. Ayuda que desde niña vive subjetivamente como intrusiva.
El padre, a quién volvió a ver a los doce años cumple escasamente con un régimen de visitas cada 15 días. No puede contar con él, por lo menos por ahora.

No podríamos decir que la patología psicosomática es privativa de este tiempo que estamos transcurriendo. Sin embargo cada vez observamos en los adultos, mayor desvalorización de la vida emocional del niño, diferente formas de maltrato infantil, abandono, castigos físicos, indiferencia que llevan indefectiblemente a alteraciones graves del desarrollo, de la personalidad, incapacidades simbólicas, de aprendizaje, alteraciones en la identidad sexual, y trastornos psicosomáticos en los que el cuerpo queda críticamente comprometido.

En contacto con docentes y directoras de escuelas primarias y secundarias escucho frases como: - “los chicos están cada vez peor, se golpean, todos los días tenemos 5, o 6 lastimados. Las chicas de 10 y 12 avanzan sobre los varones que juegan al football en el recreo, los agarran entre tres y se les tiran encima. Ellos las evitan. Llamamos a los padres y no vienen. Están separados o trabajan todo el día. El chico vuelve y está solo con la tele y la computadora hasta las 9 de la noche”.

La función de la familia está siendo resquebrajada, y reemplazada por el mundo del trabajo, el stress, las crisis financieras, la inestabilidad laboral, la tecnología. Motivaciones socio-culturares de la alexitimia generalizada.

Pero volvamos a Guada: dijimos que miente, que falsea aplicaciones de insulina, que se ratea, que come golosinas y gluten que la dañan.
Guada tiene un miedo horrible a convertirse en un instrumento de la voluntad de otro, se defiende rebelándose a todo lo que le imponen, y prueba esto activamente con los demás, madre, médicos, profesores, intentando dominarlos con sus mentiras.

Guada pertenece a este mundo de la inmediatez que describimos antes. No tolera la frustración. Impulsada a actuar su demanda, no le importa dañarse.
Vive en el mundo virtual, todo es posible, la ley del “ahora y ya”. Por eso no puede parar antes de llegar al kiosco. No es dueña de su cuerpo, no puede, no sabe que tiene que cuidarlo, por que se rompe. Su cuerpo por ahora sigue siendo de su madre, de los médicos. Su cuerpo está enfermo y no se cambia por otro, la llena de rabia. ¿Cómo amar y valorar un cuerpo así?
La castración, la incompletud tienen que ser taponadas de golosinas, como otros adolescentes lo taponan de drogas y alcohol.

Las mamás de estos pacientes se vuelven extremadamente cuidadosas y controladoras frente a la enfermedad orgánica, frente a las adicciones, cuando antes fueron incapaces, e indiferentes ante las necesidades de apego del niño pequeño. La mamá de Guada, no pudo elegir un hombre que la acompañara en la crianza y se asumiera como padre.
El médico pasa a ser ese partener padre, con quien la madre mantiene relaciones adictivas: - el doctor dijo, hay que hacerle caso al doctor.

Guada no tiene explicación sobre el abandono del padre, y quedó a merced de una joven madre abandonada, llena de rencor, que se aferró a ella. La simbiosis fue la defensa de ambas hasta que se presentó la diabetes, la operación.
Hoy el intento de diferenciación está basado en hacer exactamente lo opuesto a las indicaciones de la madre, de los médicos. Tanto Guada como su madre expulsan de la conciencia las emociones y representaciones que pueden generarles sufrimiento. Adolescentes ambas, no fueron contenidas ni pueden contener. No hubo padres que lo hicieran. Cuando digo continente, digo barrera de protección contra el desborde pulsional, contra estímulos avasallantes del adentro y el afuera. Eso lo puede hacer alguien que tenga cabeza, cabeza de adulto para pensar, para tramitar y elaborar el dolor de existir, la pérdida del vientre materno, del pecho. Alguien que no tenga apuro por que su hijo crezca, que le de tiempo.
El adolescente tiene más cuerpo que cabeza, como dicen sus maestros. Nosotros tenemos que poner cabeza hasta que ellos de a poco puedan ir haciéndolo. “Para pensar lo nuevo, hay que pensar de nuevo” (D.S. de Turjanski). Una madre que consulta, reconoce el problema somático, o de aprendizaje, o de drogas, pero no reconoce el dolor psíquico, muchas veces oculto detrás de esa fachada maníaca que presentan muchos adolescentes.

Guada dice: -miento siempre, no se por qué. Soy buena en eso. La gente me cree. Yo domino todo.
Ella cree en la omnipotencia de su pensamiento. Omnipotencia narcisista, capaz de crear una realidad diferente, con la que intenta controlar al otro, haciendo activamente lo que sufrió pasivamente, escapando así de su fragilidad psíquica, de la que no es conciente. Se observa en ella un empobrecimiento representacional, fantasías sexuales reprimidas, denegadas, regresionadas a un idioma oral: No fantasea con novios, añora los chocolates.

Antecedentes como los de esta paciente está en todas las patologías psicosomáticas, adictivas, psicopáticas. Fallas tempranas del entorno materno, traumas en los primeros años de vida. Dice D. Meltzer : ” El sentimiento de bienestar emocional acompañado por sensaciones corporales de agradable tibieza, derivado de las buenas experiencias con el pecho materno podrían ser la mejor defensa contra la enfermedad orgánica”

La relación cálida con la madre en un entorno de protección y cuidado en esos primeros tiempos, asegura un buen desarrollo posterior y crea las condiciones para elaborar dificultades que se puedan presentar posteriormente.

Para Guada no hubo palabras, contención. Sólo actos, recetas, dietas, educación estricta, operatividad, estereotipia.

Ahora a partir del comienzo del tratamiento, desde la supervisión, intentaremos ayudar a la pareja analítica a que pueda constituirse. No será sin dificultades. El trabajo con la transferencia deberá ocupar un papel importante. Guada también intentará engañar a su analista. Éste a su vez deberá dar pruebas de su lealtad, y soportar los embates de la desconfianza, gran protagonista de la vida de Guada.
Padres, maestros y terapeutas debemos establecer un pacto para constituir una red afectiva- simbólica, consistente, en la que nuestros niños y adolescentes puedan ir desarrollándose hasta conseguir una auténtica autonomía psíquica.