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  PUBLICACIONES DEL CENTRO DE SUPERVISIONES CLÍNICAS
 

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  POR QUÉ AGRUPARSE  

Autora: Lic. Claudia Goldman.

 
 

Recientemente fue invitada a GEA, a través del departamento de adolescencia, la Dra. Virginia Ungar, quien nos acercó el pensamiento teórico de Donald Meltzer.

En dichos encuentros nos adentramos en la vida de Meltzer y, más específicamente, en sus concepciones acerca de la adolescencia. A partir de ésta es que me gustaría pensar al grupo de pares y al por qué agruparse en cualquier crisis vital (y no solamente en éstas; pienso en GEA misma, esta institución que nos agrupa a distintos colegas en torno a ciertas ideas teóricas freudianas, con su grupo de estudios y sus diferentes departamentos, de ateneos clínicos, de maternidad, de adolescencia o asistencial).

El término crisis remite a una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución; especialmente, la crisis de una estructura. La adolescencia es un padecimiento. Encontrarse a sí mismo de nuevo es la difícil tarea en la que está inmerso todo adolescente. Para Jean Jacques Rousseau, “la adolescencia es como un parto…en el primero nace un niño y en el segundo, en éste, un hombre o una mujer”. Como todo parto, conlleva sufrimiento por ambas partes, inseguridad y miedo, pero todo resulta más fácil si tenemos más información.

Cualquier crisis conlleva una confusión y la crisis adolescente no escapa a ésta. Es más, según Meltzer, es a partir de esta confusión que el adolescente va en búsqueda del grupo de pares. La adolescencia es una crisis necesaria; una crisis de identidad.

Considero que en cualquier etapa vital (llámese adolescencia, puerperio, menopausia, etc) se juega nuestra identidad y es importante la existencia de un grupo. El mismo permite contener ansiedades; el grupo calma, contiene, sostiene. Asimismo, el grupo es un lugar de experimentación. En “Psicología de las masas y análisis del yo”, Freud afirma que el ser humano no puede prescindir de los vínculos con otros. “En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social”. Mas adelante, Freud se refiere a McDougall quien en su libro The group mind (1920), diferencia una multitud de una organización. “La condición para que los miembros de una multitud de seres humanos agrupados por casualidad formen algo semejante a una masa en sentido psicológico es que esos individuos tengan algo en común, un interés común por un objeto, pareja orientación afectiva dentro de cierta situación y (en consecuencia) cierto grado de capacidad de influirse recíprocamente (…) El fenómeno más notable, y el más importante, de la formación de masa es el incremento de la afectividad que provoca en cada individuo”. Es decir, son ligazones libidinales las que caracterizan a una masa.

Cuando hablo de grupos, me refiero justamente a un grupo organizado (masa artificial, según Freud), con algo en común, un interés común, una etapa evolutiva en común, una tarea conjunta (puede ser encarar conjuntamente un proceso terapéutico, por ej.) y con un conductor/coordinador. (…) “ En estas masas artificiales, cada individuo tiene una doble ligazón libidinosa: con el conductor y con el resto de los individuos de la masa”. Es decir, a partir de esta ligazón entre los miembros del grupo vemos una restricción del narcisismo. “El amor por sí mismo no encuentra más barrera que el amor por lo ajeno, el amor por objetos (…) La esencia de la formación de masa consiste en ligazones libidinosas recíprocas de nuevo tipo (no narcisistas) entre sus miembros. (…) De hecho, para el psicoanálisis averiguamos que existen todavía otros mecanismos de ligazón afectiva: las llamadas identificaciones”

Creo fundamental para trabajar con grupos este mecanismo. “El mecanismo es el de la identificación sobre la base de poder o querer ponerse en la misma situación (…) Este tipo de identificación nace a raíz de cualquier comunidad que llegue a percibirse en una persona que no es objeto de las pulsiones sexuales. La ligazón recíproca entre los individuos de la masa tiene la naturaleza de una identificación de esa clase (mediante una importante comunidad afectiva), y podemos conjeturar que esa comunidad reside en el modo de la ligazón con el conductor”. Agrega Freud, “Una masa primaria de esta índole es una multitud de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo cual se han identificado entre sí en su yo”. Es decir, el sujeto toma como ideal al conductor del grupo, al mismo tiempo que se identifica con sus pares y deriva de esta comunidad, los deberes de la ayuda mutua.

Me parece importante remarcar el permanente trabajo personal que debe tener todo coordinador de un grupo para poder “correrse” justamente del lugar del ideal, de modelo a seguir.

Volviendo a Rousseau, sería de muy buen augurio la posibilidad, para cada miembro de un grupo, de “parirse” (como persona, como madre, como profesional) a sí mismo.