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  MEDICALIZACIÓN: El cuerpo infantil abusado.  

 
  APA - Jornadas Niños y adolescentes.
Autor: Dr. Fernando Weissmann.
 
 

"Una mirada crítica a la historia del mundo nos revelará que el nivel ético de las realizaciones humanas fue siempre muy bajo y nunca se ha elevado. En cambio, el nivel de las realizaciones técnicas fue trepando a través del tiempo según una curva ascendente, que en los últimos años se elevó con mucha mayor rapidez que en ninguna otra época anterior de que tengamos noticias. En consecuencia, la disparidad entre nuestra técnica y nuestra ética es mayor que nunca.
Esta circunstancia no es sólo humillante, sino también mortalmente peligrosa. Situación que debería hacernos humildes y motivarnos para buscar y alcanzar la dignidad sin la cual nuestra vida no tiene sentido alguno y sin la cual no podemos ser felices.
Es que la dignidad humana no puede alcanzarse en el campo de la técnica, en el que los hombres son tan expertos. Sólo puede lograrse en el terreno de la ética, y los logros éticos se miden por el grado en que nuestros actos estén gobernados por la compasión y el amor, no por la codicia y la agresividad."
(Arnold J. Toynbee, 1889-1975)

Una de las maneras en que el cuerpo infantil es abusado por los adultos es la que se refiere a la medicalización o farmacologización. Que significa la utilización de fármacos, modificadores bioquímicos de la conducta, para lograr el ocultamiento de malestares angustiosos en niños de edad escolar, o incluso antes (en las guarderías); medicándolos para tranquilizarlos o inmovilizarlos.
Con la finalidad de evitar el reconocimiento de problemáticas familiares, sufrimientos, singularidades, diferencias, creatividad o disimular señales de cuadros psicopatológicos graves.
Podríamos decir que la medicalización forma parte de las llamadas nuevas patologías, es decir aquellas que van asociadas al deterioro de las condiciones de vida familiar, social, económica, cultural, y de los valores en general. Por ejemplo, la separación de los padres y la consecuente falta de vínculos con los mismos, son una de las situaciones de pérdida más relevantes en los niños, y es muy grande el porcentaje de padres separados, viudos y de madres solteras que por un motivo o por otro no conviven con sus hijos. Pero hay muchas otras motivaciones que habría que tomar en consideración, como el cambio de ambiente escolar, los conflictos con los compañeros de clase, el abuso físico, emocional o sexual, etc.
Si considerando además que en nuestra época y en nuestra sociedad predominan y se valoran la velocidad, la inmediatez, el éxito y el marketing, podemos comprender que las expectativas que se colocan sobre los niños son excesivas, y las presiones que deben soportar, enormes. Como muy bien decía Silvia Bleichmar en una nota publicada en un diario matutino de nuestra capital (Clarín Opinión del 30/3/00) "que aprendan lo más rápido posible, la mayor cantidad de cosas, que hablen lo menos posible, que no irrumpan con ideas descabelladas y que se sometan a un régimen de vida que implica una jornada laboral de 9 hs. de trabajo efectivo, más la labor extra a ser realizada en la casa; parece ser el modelo de vida cotidiana con la cual se desplazan por la ciudad arrastrando mochilas y carritos repletos de libros, cuyas afirmaciones dejarán de ser eficaces en gran medida cuando pasen de la escolaridad primaria a la secundaria, ya que el conjunto de conocimientos técnico - científicos ha acelerado su carácter perecedero y se renueva cada 5 años."

Esta cultura de la incredulidad, como la definiera Marilú Pelento con formidables descubrimientos y avances tecnológicos por un lado, pero que por el otro nos obliga a enfrentarnos y a participar de alguna manera con: la corrupción, la impunidad, la violencia cotidiana, con la consiguiente pérdida de ideales; actúa directa o indirectamente sobre los niños y trae graves consecuencias psicológicas.
Aparece con gran claridad para el psicoanalista el borramiento cada vez mayor de las fronteras entre realidad y fantasía, entre hombre y mujer, y entre el niño y el adulto.
El Principio de Realidad se reniega, obligando al niño a soportar desproporcionadas tensiones difíciles de soportar. Por Ej. no se admite que pueda haber dificultades, postergaciones, o fracasos en el colegio; no se toleran atrasos o demoras; ninguna distracción es posible. Si un niño es desprolijo o no termina su tarea; o si habla demasiado con los demás; o si por alguna razón que se desconoce - y que no se estudia adecuadamente - tiene dificultades para vincularse con el resto de sus compañeros; o si no presta atención por un período prolongado de tiempo o si se mueve demasiado; en todas estas situaciones surge inmediata y mágicamente el medicamento salvador. La Solución; lista incluso para resolver una falla genética (como dice S. Bleichmar).

Voy a referirme al conocido síndrome denominado Déficit o Trastorno de Atención o ADD, (por Attention Deficit Disorder). Este diagnóstico puesto de moda en los últimos años es un conjunto de síntomas que ha cambiado de nombre a través de los años. Antes se lo conocía también como "Disfunción Cerebral Mínima", "Hiperquinesis" o como el "Síndrome del Niño Hiperactivo".
Descriptivamente incluía las siguientes anormalías en el comportamiento (pero no estaban limitada a ellas): la hiperactividad, la desatención, distracción, reacciones súbitas de coraje, hostilidad, "inmadurez", relaciones conflictivas con compañeros, desafíos, desobediencia, problemas severos de conducta o delincuencia, junto a la "dislexia" y a otros "problemas del aprendizaje", etc. Con este diagnóstico, habitualmente superficial y poco riguroso, culminaba la consulta médica con un tratamiento que consistía en la medicación del niño (incluso a menores de 7 años) con un psicoestimulante. Dejando de lado que las dificultades para concentrarse podían ser motivadas por diferentes e importantes problemas de todo tipo: desde cuadros de angustia pasajeros producidos por situaciones actuales, duelos, crisis puberales, hasta traumas severos, pudiendo llegar a cuadros de desorganización psíquica de graves consecuencias para el futuro del niño. Es en este sentido que la medicación, lo único que logra es ocultar el síntoma, y tranquilizar a padres, educadores y médicos. Pero simultáneamente permite frente al cuadro manifiesto, que la patología continuara en forma latente su desarrollo, desencadenando en la adolescencia un cuadro psicopatológico mucho más grave.

Dice Silvia Bleichmar que: "Es importante reconocer que la medicación es siempre sintomática y no curativa, por ello el ADD es un cuadro descripto, pero no explicado cuya causalidad permanece no resuelta. No existen pruebas de laboratorio que certifiquen el carácter biológico de la multiplicidad de síntomas y diversas evoluciones que incluye este cuadro. Lo que lleva a pensar que más que una patología, es la expresión de un malestar generalizado que puede estar determinado desde distintas vertientes y cuyo desenlace va desde la lisa y llana desaparición espontánea, hasta la evolución franca hacia patologías graves cuyos síntomas son predecibles, incluso tratables, desde la primera infancia, si se toman los recaudos adecuados despojándose del facilismo que posibilita una etiquetación tan reasegurante como ineficaz."
Por otra parte si somos conscientes que la violencia familiar, de la que el 25% de las mujeres argentinas es víctima, y que una de cada cinco parejas conviven con situaciones de violencia (Según estadísticas del BID, La Nación 23/5/00) y a ello agregamos que el abuso contra los menores es consumado habitualmente en el propio ámbito hogareño; ya no puede sorprendernos la utilidad que tienen ciertas medicaciones para soslayar, disimular u ocultar en los niños - ya sean éstos víctimas, victimarios o testigos de la violencia - dicho malestar y sufrimiento. Habrá que concluir entonces que muchas veces los padres, los maestros y los médicos se alían implícitamente, para ocultar las verdaderas motivaciones que llevan a la utilización de estas drogas.
Al respecto se nos plantean interrogantes muy serios, como por ej.: ¿cuáles serán los efectos que este tipo de medicamentos está teniendo en los niños?, ¿cuál será consecuencia sobre su sistema nervioso en plena etapa de crecimiento, y con incipiente maduración emocional? Y si fuera imprescindible utilizarlas, ¿por qué no se puede combinar mejor el uso de estas drogas con las terapias psicológicas, ya sean éstas individuales, vinculares, familiares, de orientación de padres, asesoramiento a los colegios, etc. pero que signifique de cualquier manera un reconocimiento mucho más amplio y adecuado de la problemática, y no simplemente intentar ocultar la sintomatología manifiesta con estas drogas? El abordaje interdisciplinario en estos casos se impone.

Los pediatras recetan muy frecuentemente y hasta con cierta ligereza un psicoestimulante denominado comercialmente Ritalina (Laboratorio Novartis), para tratar los problemas de falta de atención o de hiperactividad en chicos de edad escolar.
Según una estadística de la American Medical Association, entre 1991 y 1995 el número de niños de entre 2 y 4 años que tomó Ritalina se duplicó y la tendencia es creciente. En tanto que otro estudio del Instituto Nacional de Salud Mental indica que también el uso de un antidepresivo famoso como el Prozac comenzó a producirse en forma líquida para que así lo puedan tomar más fácilmente los chicos menores de 6 años con problemas de conducta aumentó su venta un 580%. (Diario Clarín 21/3/00).

Hay una gran variedad de teorías que intentan explicar desde el punto de vista medico las causas del síndrome de ADD. Biaggi, en su trabajo de Puesta al día "El Trastorno por Déficit de la Atención con o sin Hiperactividad". Refiere entre las más reconocidas las siguientes causas:

     1) la teoría del desorden fisiológico a nivel de las catecolaminas; por haberse comprobado que medicaciones estimulantes, cuyo modo de acción está ligado al sistema dopaminérgico y noradrenérgico, son efectivas en el tratamiento de pacientes que sufren de ADD (es decir, que podrían inducir la descarga de dopamina a nivel celular y de inhibir su recuperación, aumentando los niveles en la sinapsis intercelular).
     2) la teoría genética.
     3) otras teorías como la de los efectos que pueden causar en el comportamiento, los traumas.
     4) los niveles altos de plomo y
     5) ciertos alimentos.

Los estimulantes o anfetaminas es la forma de tratamiento más común en el trastorno de ADD. Su uso en los Estados Unidos es amplio, y de todas las anfetaminas, el metilfenidato o Ritalina es recetado en un 90% de los casos. Dentro de esta categoría también se encuentran la dextroanfetamina (Dexedrina), pemolina (Cylert), y recientemente el Adderal (una combinación de anfetaminas con dextroanfetaminas). Otro grupo de fármacos igualmente efectivos en el tratamiento de esta condición son los antidepresivos de tipo tricíclicos (imipramina, desipramina, norpramina) y el bupropion (Wellbutrin), un antidepresivo cuyo mecanismo de acción es principalmente noradrenérgico.
Pero hay que destacar que también los pediatras han comprobado que los psicoestimulantes no son la mejor medicina para algunos niños, ya que se estima que cerca de un 25% de todos los niños no responden bien al metilfenidato.
De cualquier manera el consumo de este medicamento ha aumentado un 700% desde 1991.

Entre los efectos secundarios más frecuentes de la Ritalina, podemos enumerar: ansiedad, desinterés, pérdida de apetito, dolor de estómago e insomnio. Además de otros efectos menos habituales como palpitaciones, mareos, dolor de cabeza, alteraciones de la presión arterial, alteraciones en el comportamiento, tics, alucinaciones, y graves daños neurológicos. En un pequeño país como Costa Rica, se alerta a través de un artículo periodístico con el sugestivo título Ritalina, ¿droga mágica?, (María Isabel Solís, redactora del diario La Nación de Costa Rica) entre otras apreciaciones muy válidas dice que "tampoco se puede ver a la Ritalina como una "droga mágica" y este producto debe complementarse con otras acciones terapéuticas que involucren a la escuela y a la familia". "Siendo una de las mayores preocupaciones que produce la utilización de estas drogas, que los escolares se acostumbren a solucionar sus dificultades con pastillas, lo que podría favorecer conductas adictivas."

Si me permiten, quisiera agregar dos temas, terriblemente importantes en la actualidad y que se relacionan con el cuerpo infantil abusado:

1) El trabajo infantil Urbano: Suplemento Enfoque de La Nación del 18/6/00.

Según la Organización Internacional del Trabajo en la Argentina trabajan 214.000 chicos entre 10 y 14 años. A veces limpian los parabrisas en las esquinas, arriba de los colectivos o subterráneos, en los bares vendiendo estampitas, o juntando desechos de la basura, botellas o cartones. En las regiones suburbanas las condiciones de explotación son extremas, como por ejemplo en los sectores de la minería, las ladrilleras, la agricultura, por mencionar algunas. En Latinoamérica trabaja aproximadamente 20 millones de niños muchas veces en condiciones infrahumanas. Niños de menos de 12 años son sometidos a trabajos forzados, o en régimen de servidumbre, o en labores peligrosas. La mitad de los menores trabajadores no reciben retribución alguna, y el 50% restante percibe retribuciones inferiores a los salarios mínimos legales.
El trabajo infantil obviamente interfiere en el proceso educativo de los niños hipotecando su futuro. Durante la educación primaria el retraso escolar es de dos o tres grados y la deserción durante el ciclo secundario es masiva.
La edad mínima para la admisión a un empleo, es la edad en la que cesa la obligación escolar. En la Provincia de Buenos Aires es 14 años, pero los países de la OIT se comprometieron a asegurar la abolición del trabajo y proteger a los niños y adolescentes menores de 18 años de los trabajos que por su naturaleza o condición pueden resultar peligrosos para la salud, la seguridad y la moralidad.
La pobreza es el principal factor que lleva a que los niños trabajen desde edades muy tempranas, pues deben contribuir a la sobrevivencia familiar. En las sociedades más ricas el problema más grave es la explotación sexual y a pornografía infantil, dos de las peores formas de esclavitud humana.

2) Los niños combatientes: La Nación 18/6/00.

Más de 300.000 niños combatientes son reclutados por la fuerza o por circunstancias que no llegan a entender, y forman parte de grupos guerrilleros y ejércitos nacionales en Colombia, Sierra Leona, Afganistán, Sri Lanka, Ruanda y Myanmar (Ex - Birmania).
Deambulan en forma de rebaños frente a la muerte. En Colombia solamente, ya hay 6.000 niños que forman parte de la FARC, de los grupos paramilitares y del propio ejército nacional. Son las "abejitas, campanitas y carritos" que dan el aviso de alarma o se adelantan a las acciones. Incluso los narcotraficantes no se privan de ellos, empleándolos para el traslado de la droga o el control de sus operaciones.
Los preparan a fuerza de malos tratos, con golpes y castigos despiadados, obligándolos a la absorción de pegamento, cocaína o heroína.
Hay una denuncia internacional formulada tanto por UNICEF como por la "Coalición para Detener a los Niños Soldados" de menos de 18 años. En África hay 120.000 y 80.000 en Asia. Pero la iniciativa para prohibir el reclutamiento de menores es trabada por algunos países, incluso EEUU y el Reino Unido, que han comenzado a entrenar a jóvenes para su ingreso en el ejército a partir de los 15 años; pero son 10 los países que todavía deben ratificar el protocolo, para que pueda entrar en vigor la prohibición.
El Frente Moro de Liberación Islámica que lucha por un estado independiente en Mindanao tiene una edad mínima de 18 años, pero a partir de los 14 años inician un duro entrenamiento militar y aprenden a manejar armas a partir de los 7 u 8 años.
La peor miseria es perder el valor de la vida. Víctor Massuh, lo expresa de esta manera: "La violencia acompaña al hombre desde los albores de la civilización, pero solo desde hace dos siglos se tiende a reflexionar sobre ella. Y se procura analizar sus causas profundas, sus raíces últimas, como un primer paso para desterrarla de la vida social y avanzar; así, hacia una civilización regida por el amor; la solidaridad y el respeto a la dignidad del prójimo." ¡Cuánta razón tenía Arnaldo Rascovsky cuando insistía en la necesidad de detectar y reconocer la actitud filicida de los padres - adultos!