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  Las necesidades básicas como fenómeno transicional  

Lic. Claudia Goldman
 

Quisiera pensar a las necesidades básicas como un fenómeno transicional desde dos aspectos. Uno, en el sentido de una auténtica transición; como parte de un proceso de separación/individuación, de lento desapego del niño con respecto a su madre (y viceversa), desde la dependencia absoluta a la independencia relativa. El otro aspecto es el postulado por Donald Winnicott en su libro “Realidad y juego” sobre los fenómenos transicionales.

Podemos pensar al espacio transicional como una zona intermedia entre lo subjetivo y lo que se percibe en forma objetiva. Desde el punto de vista del observador, las necesidades básicas se satisfacen desde el exterior (es la madre la que sostiene, habla, arrulla, da la teta, etc.), pero no para el bebé. Tampoco provienen de adentro. No son una alucinación. “Introduzco los términos objetos transicionales y fenómenos transicionales para designar a la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado (…) mediante esta definición, el parloteo del bebé y la manera en que un niño mayor repite un repertorio de canciones y melodías mientras se prepara para dormir se ubican en la zona intermedia como fenómenos transicionales, junto con el uso que se hace de objetos que no forman parte del cuerpo del niño aunque todavía no se los reconozca del todo como pertenecientes a la realidad exterior.”

Winnicott describe a las personas como una unidad con una membrana limitante, y un exterior y un interior. Además de esta doble exposición, explica, hay una  tercera parte, una zona intermedia de experiencia a la cual contribuyen la realidad interior y la vida exterior. “Existe un estado intermedio entre la incapacidad del bebé para reconocer y aceptar la realidad y su creciente capacidad para ello. Estudio, pues, la sustancia de la ilusión, lo que permite al niño y lo que en la vida adulta es inherente al arte y la religión. (…) No estudio específicamente el primer objeto de las relaciones de objeto. Mi enfoque tiene que ver con la primera posesión, y con la zona intermedia entre lo subjetivo y lo que se percibe en forma objetiva.”

Es aquí donde se vivencian las necesidades básicas. Es en ese espacio intermedio donde van a tener lugar todas las vicisitudes en relación a ellas, el déficit, la sobrecarga ó el punto justo de acuerdo a cada díada particular. Las necesidades básicas no provienen del niño, pero tampoco éste las percibe como externas, ya que la madre suficientemente buena es la que lleva a cabo la adaptación a las necesidades de éste y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para tolerar la frustración. Al comienzo, gracias a una adaptación de casi el 100 por ciento, la madre ofrece al bebé la oportunidad de crearse la ilusión de que su pecho, por ej., es parte de él. “En otras palabras, el bebé crea el pecho una y otra vez a partir de su capacidad de amor o (podría decirse) de su necesidad. Se desarrolla en él un fenómeno subjetivo, que llamamos pecho materno (incluyo en el término, todos los cuidados maternos). Creo que la palabra “pecho” se usa para denominar la técnica de la crianza tanto como la carne real.” Al comienzo del desarrollo, el bebé es capaz de concebir la idea de que algo podría satisfacer la creciente necesidad que surge de la tensión instintiva. Al principio, no se puede decir que sepa qué se debe crear. En ese momento se presenta la madre. Cuando su adaptación a las necesidades del bebé es lo bastante buena, produce en éste la ilusión de que existe una realidad exterior que corresponde a su propia capacidad de crear. Hay una superposición de lo que la madre puede proporcionar y lo que el bebé puede concebir al respecto. Para el observador es la madre la que satisface la necesidad, pero no es sólo eso. El bebé sólo percibe, en este caso el pecho en la medida en que es posible crear uno en ese momento y lugar. No hay intercambio entre él y la madre. En términos psicológicos, el bebé se alimenta de un pecho que es parte de él y la madre da leche a un bebé que forma parte de ella. Esto es extensivo a las demás necesidades básicas. Se dan en ese espacio transicional, en esa zona intermedia, que no es del bebé ni es de su mamá, o, mejor dicho es de los dos o, mejor aún, es un “entre” dos.

En la infancia la zona intermedia es necesaria para la iniciación de una relación entre el niño y el mundo, y la posibilita una crianza lo bastante buena (en el sentido anteriormente mencionado) en la primera fase crítica. “Los objetos y los fenómenos transicionales pertenecen al reino de la ilusión que constituye la base de iniciación de la experiencia. Esa primera etapa del desarrollo es posibilitada por la capacidad especial de la madre para adaptarse a las necesidades de su hijo, con lo cual le permite forjarse la ilusión de que lo que él creé, existe en realidad.”(…) Lo transicional no es el objeto ni el fenómeno. Estos representan la transición del bebé, de un estado en que se encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado.

Lic. Claudia Goldman
Departamento de Maternidad
GEA Centro de Supervisiones Clínicas
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