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  PUBLICACIONES DEL CENTRO DE SUPERVISIONES CLÍNICAS
 

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  LA ADOPCIÓN Y SUS POLÉMICAS.  


Agosto de 1996.
Autoras: Lic. Alicia Carrica de Nicenboim y Lic. Marcela Dal Verme.

 
 
" Toda visión se cambia en contemplación, en reflexión, de suerte que se pueda decir que cada vez que dirigimos una mirada atenta al mundo, teorizamos."

Goethe


Entre los seres humanos y desde la antigüedad la adopción ha sido una práctica habitual que ha permitido, de distintos modos y según el contexto histórico social en el que se realiza, el establecimiento de una vinculación parental filial, sin que la condición biológica la determine. Dicha condición no lleva implícito el deseo de un hijo así como la imposibilidad de gestarlo no lo anula.

En diferentes especies, la adopción ha sido un acto espontáneo de crianza sustituta que actúa en favor de la vida ante circunstancias que pudieran atentar contra ella.

Desde la estructura social del pater familia de la antigua Roma y sus abusos sobre los hijos, pasando por la paulatina intervención de los magistrados y la regulación normativa del estado en la protección del menor hasta la actualidad, la adopción sigue siendo el medio con el que la cultura cuenta para posibilitar en muchos casos el deseo de ahijar y responder a la necesidad de un niño de tener padres.

La adopción es un tema convocante y perturbador que ha dado y dá que hablar a padres, profesionales y a todas aquellas personas sensibles a sus diferentes aristas. No nos proponemos desarrollar aquí las complejidades propias del proceso de pre-adopción y adopción ni sus formas de vinculación familiar, sino reflexionar acerca de las dificultades que atravesamos los profesionales dedicados a este tema cuando intentamos teorizar psicoanalíticamente sobre el mismo.

La adopción produce cierta " intranquilidad necesaria", un grado de conflictividad interesante como para generar escenas fantasmáticas en los mismos profesionales que nos dedicamos a ella. Dichas escenas, entramadas con la propia novela familiar, facilitan la construcción de distintas teorías en relación a lo que " es la adopción" en el imaginario de cada uno de nosotros, siguiendo el modelo de los efectos que las teorías sexuales infantiles producen en la percepción de la realidad.


Ideologización teórica y resistencia en el analista

Las teorías sexuales infantiles tienden en algunas circunstancias a ideologizar las teorías científicas y como una suerte de intromisión del proceso primario en el secundario dar lugar a supuestos generales y extremos. Así, para algunos teóricos, la adopción es la marca de lo antinatural, una suerte de estigma en relación a la falta y la castración, sin opción a elaboración genuina alguna. En el otro extremo, una tendencia a la puesta en juego de negaciones y desmentidas a sostener que en el proceso de adopción ocurra algo diferente a otros procesos del ahijar. De este modo se abren dos posiciones teóricas, las "culturalistas" y las "naturalistas", que aisladas y excluyentes entre sí, eluden el conflicto que supone sostener la idea de la cultura como posible soporte de la continuidad biológica.

En la época en que el Psicoanálisis ingresaba en Argentina, alrededor de la década del 40, la adopción era uno de esos temas "tabú" que desde el mandato social había que "padecer" en la intimidad del ámbito familiar, transformando un deseo por cumplir en un hecho inconfesable: "de eso no se habla", o "el niño no debe saberlo".Familiares, amigos y profesionales, involucrados en este secreto, desplegaban una suerte de red para sostener ese silencio.

El psicoanálisis de niños intentó comprender este "tabú", esa especie de prohibición a comer el fruto del árbol de la sabiduría y los analistas comenzaron a investigar. El psicoanálisis, expulsado del paraíso, entendió el secreto de la adopción en términos de conflicto. Apeló a su teoría de la represión y a alguno de las formas en que ella se expresaba: la desmentida y la renegación. Puso el acento en la cuestión de los mitos, en la novela familiar y la necesidad de desentrañar "el misterio" se tornó el objetivo, el camino a recorrer, que terminaría en el mejor de los casos, en el develamiento de una cierta verdad (verdad que hoy no podríamos afirmar con certeza cuál es).

Pero el diablo metió la cola y una cierta tendencia a la generalización y a conceptualizaciones universales no escaparon a este nuevo pensamiento psicoanalítico, estableciendo un valor traumático " per se" en la situación de adopción, el status de marca psíquica que impidió en algunos casos y desde esa misma mirada psicoanalítica, entender este hecho peculiar dentro de la trama de la historia individual. Pretendimos comprender pero nos deslizamos hacia una especie de peligrosa estigmatización: comenzamos a hablar del "niño adoptado" y "su patología específica", lo cual estrechó el campo de la observación terapéutica.

Además, los prejuicios sociales le imprimen a la adopción un cierto carácter dudoso, algo relativo a lo diferente, lo raro y ajeno, lo sustraído, lo robado. Esta imagen, el lado oscuro y sórdido de la adopción tiene mucha prensa y sin duda alerta al inconsciente colectivo pero a la vez lleva a confusión, confusión que transforma la naturaleza de un deseo lícito en un acto sospechado, del orden del delito.

Las figuras tales como el tráfico de menores, alteración de identidad por sustracción de menores, etc. no forman parte del capítulo de la adopción salvo en lo atinente al delito y la criminología o al Derecho Penal que sobre ellos investiga. Sin embargo, nos llama la atención la reiteración en muchos escritos dedicados al tema adopción, y dirigidos generalmente a padres en dicho proceso, las continuas advertencias sobre el costado delictivo del proceso. Los psicoanalistas, en general, intentan reflexionar sobre el psiquismo humano. Cuando conceptualizamos sobre adicciones, no nos ocupamos de los derroteros del narcotráfico y a riesgo de pecar de exagerada rigurosidad o simplificación, intentamos diferenciar a la adopción de la corrupción de los sistemas que pueden favorecer dichos actos delictivos.

Nos preocupa la mala prensa pero no pretendemos hacer "la buena". Es nuestro interés poner al tema adopción fuera del alcance de un discurso seudopsicoanalítico, de fácil acceso a los medios de comunicación, que por un lado pondera la singularidad de la historia y al mismo tiempo y detrás de la aparente comprensión de las vicisitudes de dicho proceso, generaliza, al acentuar las diferencias entre hijos biológicos e hijos adoptivos, padres biológicos y padres adoptantes, deseos de adoptar y deseos de tener un hijo. Dichas discriminaciones y los intentos radicalizados de diferenciación, desmienten la capacidad metaforizante del inconsciente, al mismo tiempo que, ancladas en la fatalidad biológica, evidencian su origen superyoico.

Una tendencia a la recetología y la puericultura, de masiva difusión y con cierto afán dirigista, elaboró distintas estrategias y técnicas, respondiendo a una suerte de lineamiento ideológico en relación al asesoramiento para padres; un decálogo de señalamientos y recetas sobre cómo informar:
¿qué?, ¿dónde?, ¿quién?; " Que lo diga el pediatra", "que lo diga la psicóloga", etc. Ausentes a sí mismos, se les intentó enseñar a los padres adoptantes "cómo llegar a serlo", "cómo llegar a querer a sus hijos adoptivos" (desde esta consideración casi ajenos y siniestros). Se los congeló en ese "ser adoptantes y adoptados", imponiéndoseles, "per vía di porre", una sujeción irrestricta al ideal: "ser más padre que cualquier padre", lo que culmina a nuestro entender, en la destitución de sus propios lugares.

Ese mismo discurso psicológico transmite algo así como una idea de préstamo de hijo, de "niño que es prestado para que el padre haga de padre" sin serlo "en la realidad", generando la idea que los padres adoptantes están mucho más expuestos a hacer pseudoidentificaciones o a manejarse en el terreno del falso self, del "como si" al modo de una parodia. No coincidimos con ese discurso y proponemos para mayor comprensión sobre los fenómenos filiatorios, seguir la línea de la teoría psicoanalítica y más específicamente, la de las identificaciones, dentro de la matriz simbólica del Edipo.

Obviamente y como ya dijimos, la adopción es convocante. Genera interrogantes, provoca interés teórico, abre polémicas según sean los ámbitos en los que se la discute: la filosofía, la ética, el derecho, la psicología, la sociología, etc. La interdisciplina permite un enfoque más abarcativo de los fenómenos que investiga. Pero el deslizamiento discursivo y la superposición de esquemas teóricos, confunde y distorsiona. Cuando el discurso psicológico (deseo, pulsión, trauma) es diluído en el social (pobreza, sometimiento y tercer mundo) y salpicado con terminología legalista, hemos abandonado la interdisciplina para meter, en este caso a la adopción, en una enorme bolsa de gatos.


La novela familiar en juego:


No es lícito darle a los niños todo lo que sabeís...
Goethe


Acosados por el temor a "no informar", a "engañar al niño", tanto padres como psicoanalistas y por formación reactiva, tendimos a sobrevalorar el tema de la información como valuarte en las cuestiones sobre adopción. Partiendo de dicha creencia, que como tal comparte con los mitos y los prejuicios, las mismas características que las ideas delirantes, el "hay que decir la verdad" adquirió un cierto carácter fundamentalista sin que nos lo cuestionáramos demasiado. Pero surgió la paradoja: ¿de cuál verdad hablábamos?, ¿cuál de todas ellas? ¿Son los padres pero no son los padres?... que no son pero son..., la mamá de panza...mamá del corazón.... Nos preguntamos entonces, qué sería para este discurso, ¿ser un verdadero padre o un verdadero hijo?

Como dice Diana Turjanski al hablar de la novela familiar en el niño que ha sido adoptado: el niño necesita construir su propia novela, su propia familia. ..."a la propia (se refiere a la familia) no la equiparamos con la de "la realidad histórica objetiva" o con "la verdad material", sino con la realidad individual, siempre abierta a nuevas experiencias, en la cual cada uno va encontrando y perdiendo, en un contínuo suceder, al que se es".


La singularidad en la mente del analista:

El psicoanalista se llama a la reflexión en cuanto a esa tendencia a la generalización y observa los hechos que requieren de sí un trabajo de análisis y de elucidación del que no debemos privarnos. La observación unidireccional puede invitarnos a una estandarización y universalización perdiendo de vista aquello subjetivo que nos convoca a descifrar y comprender las distintas problemáticas que la tendencia al conflicto pone en juego. La adopción de un niño se nos impone como paradigma de un observable cuya singularidad amplía su comprensión. En nuestra práctica los psicoanalistas nos rescatamos cuando, "a oído libre", nos dejamos conducir por el "cada caso" que la clínica nos aporta.

Cuando llega al consultorio un niño o un padre, no nos llega más que eso; el adjetivo viene a la postre, remite a algo, una serie de representaciones a mano de la escucha analítica y sobre las que surgen asociaciones. No llega ni un adoptado ni un adoptante. Correríamos el riesgo de tratar a la cosa por su atributo, de hacer del adjetivo y la cualidad, el sustantivo mismo.

No escapa a nuestra reflexión que el hecho mismo de escribir sobre el tema podría ser visto como la paradoja de nuestras ideas: ¿por qué escribir sobre adopción si éste es un capítulo más del comportamiento humano? Como dice Winicott: "si todo anda bien con la adopción, entonces la historia es una historia corriente y debemos estar familiarizados con los trastornos y contrariedades de la historia humana corriente, con sus infinitas variaciones, si aspiramos a comprender los problemas inherentes a la adopción".

Al teorizar, intentamos restituir al acto de adopción el sentido original que creemos ha tenido: ser padres de hijos que a su vez necesitan tener padres y ser ahijados por ellos. Si nos es posible buscamos atenuar las ansiedades persecutorias agregadas al trabajo psíquico implícito en una adopción que alguna literatura específica con su sobreinformación intensifica en futuros padres desprevenidos que acatándola al pie de la letra desestima lo que les inquieta: cómo llevar adelante el deseo de un hijo al que la biología le hace obstáculo.

En la clínica, en el trabajo con los padres, tratamos de resistirnos a partir de algunos supuestos básicos tales como hacer del abandono y la pérdida la marca psíquica insistente ante cada conflicto que aparezca. Proponemos hablar de separación y encuentro, origen de la vinculación que intentaremos no interferir. Escuchamos su mundo fantasmático y las diferentes teorías que sustentan el deseo de ser padres, patológicas o no. Ese deseo adquirió convicción en la decisión de adoptar y es interesante observar la posición melancólica de los padres en general y los adoptantes en particular en la que el apoyo de la figura del analista favorece el ejercicio de la paternidad.


La cultura como sostén de la continuidad biológica:

Una abundante cantidad de literatura psicoanalítica sobre adopción resalta las diferencias, objeciones y peligros futuros ante la adopción. Dos discursos en controversia.

Seguimos una línea de continuidad que encontramos en algunos autores como Winicott, D.Abadi, C.Cárcamo, S.Bleichmar, A.Perez, J.Winocur, S.Arbiser.

Nos interesa sostener el pasaje de la naturaleza a la cultura, el pasaje por el que cada madre y cada padre deben atravesar y que se repite en cada individuo. Podríamos decir: toda madre o padre natural debe pasar a madre o padre cultural, adoptando a su cría, biológica o no, concibiendo a la cultura como un soporte de la continuidad biológica de la especie.

La filiación y sus vicisitudes ha sido en general un tema de interés para el psicoanálisis. Las soluciones que la cultura contemporánea aporta a la imposibilidad de procrear, y a sea a través de la adopción o de las variadas técnicas de reproducción existentes, nos conmociona. El hecho de que una realidad frustrante pueda ser sustituida en algunos casos por otra que no lo sea y "en la realidad", conmueve nuestro modo de mirar y pensarla. Estos cambios impactan al aparato psíquico y los analistas estamos invitados a repensar el modo en que estos nuevos elementos que la cultura aporta serán absorbidos o tramitados en lo inconsciente.

Psicológicamente se satisface el deseo de un hijo, biológicamente se propende a cumplir con lo que llamamos la continuidad de la especie y en ese anudamiento, la cultura puede dar sostén o no en el sentido de estar al servicio de la vida o de la destructividad.

En el corazón de la teoría psicoanalítica habita el Edipo de Sócrates, el hijo adoptivo por excelencia, con sus cuestionamientos infatigables y su afán investigativo.

El psicoanálisis no pretende " cambiar el destino ", o volver como el héroe a "salvar a Tebas", sino más bien hacer de la escucha el recurso adecuado para comprender este acontecimiento (adopción), siguiendo el sentido de una historia individual.-